Tiempo de uso

¡Hola de nuevo! Hoy os propongo tratar de adentrarnos en el inmenso mundo de las redes sociales y, en especial, en el papel que ocupan los menores en ellas. Sabemos que internet, las redes sociales y ahora, en especial, la IA, han irrumpido en las aulas y han transformado por completo la realidad a la que nos enfrentamos. No solo han cambiado los métodos, también las generaciones a las que enseñamos. Probablemente, cuando entremos a las escuelas, nos encontraremos con niños criados por la IA, expuestos en las redes desde antes de nacer y adheridos a un dispositivo inteligente incluso antes de saber hablar. Pero ¿acaso las redes sociales no nos cambian también a nosotros, a los futuros maestros? ¿Hasta qué punto nos estamos convirtiendo en sujetos dependientes de consumir la vida de otros?

Para fomentar un consumo más responsable de las redes sociales y advertir sobre los peligros que se esconden tras las pantallas, os traigo los siguientes recursos:
  • La gran decisión de Digipato, de Lindsay Buck, es un cuento dirigido a niños de entre seis y ocho años que busca sensibilizar a los más pequeños sobre la difusión de imágenes en las redes sociales y la importancia de adoptar un buen comportamiento en internet. Este cuento trata de fomentar una relación sana por parte de los menores con las nuevas tecnologías
  • Redes, de Eloy Moreno, el autor del famosísimo libro Invisible (otra gran recomendación), narra la realidad de muchos adolescentes con el uso de las redes y nos muestra los peligros que existen detrás del anonimato que estas proporcionan.


Ambas historias, dirigidas a públicos distintos, son un ejemplo de la importancia de educar en el uso de las redes sociales desde una edad muy temprana. Pues, aunque tratemos de retrasar el momento en el que comienzan a utilizarlas, los peligros que esconden no van a desaparecer.

Para poder comprender el impacto que tienen las redes sociales en los más pequeños, me parece importante primero hacer un análisis de nosotros mismos. Por ejemplo: ¿Te atreves a mirar cuántas horas has pasado en TikTok o en Instagram la semana pasada? ¿Qué es lo primero que haces cuando te levantas? ¿Y antes de acostarte? ¿Alguna vez te has metido en TikTok “un segundo” y has perdido por completo la noción del tiempo? Y por alguna casualidad, ¿has sentido que tienes menos tiempo, te concentras peor, no encuentras la motivación, te aburres de vídeos que duran más de tres minutos o, al final del día, tienes el sentimiento de estar completamente sobreestimulado y abrumado? No creo que te sorprendas si te digo que probablemente el uso abusivo de las redes sociales sea el causante de todos esos problemas.

No está bien querer reproducir un vídeo en 2.0x, porque después vas a querer todos los vídeos a esa velocidad… y lo peor es que vas a poder. Tampoco es correcto que luego termines queriendo bañarte, trabajar y comer a 2.0x. La frustración de intentar hacer algo imposible te catapultará de vuelta a TikTok, donde sí podrás hacerlo. Acto seguido, programas que un vídeo vaya automáticamente detrás del otro, mientras tú continúas ahí, inerte y aparentemente a gusto, sin saber que la factura emocional consecuencia de la dopamina barata recién administrada no vale su precio. (María Isabel Sánchez: "El día que abandoné el scroll infinito")

Hace unas semanas me di cuenta de que las redes sociales me estaban quitando mucho tiempo y decidí “desintoxicarme” durante unos días: nada de TikTok ni de Instagram durante una semana. En esa situación de desconexión me di cuenta del grave problema al que nos enfrentamos: las redes sociales enganchan y mucho  y además afectan directamente a nuestro estado anímico y a nuestro sistema de recompensas. TikTok es una fuente de dopamina: funciona con un algoritmo perfectamente diseñado para atraparnos en ese dumb scrolling y además, convierte cualquier otra tarea que no nos proporcione una recompensa inmediata en algo tedioso y aburrido. Es por eso que puede que ya no leas tanto como leías hace tiempo: esa actividad no te proporciona “placer” tan rápido como lo hacen las redes. Os hablo desde mi experiencia: fue dejar de consumir tanto contenido y sentirme mucho más tranquila, más motivada y cómo no, con mucho más tiempo para lo que siento que es verdaderamente importante.

Con esto no quiero decir que las redes sociales no tengan aspectos positivos. Me encanta la cantidad de ideas y recomendaciones que puedes sacar de ellas, lo fácil que es acceder a todo tipo de información o lo muchísimo que te puedes reír con algunos vídeos. Pero todo en exceso es malo, y caer en el uso abusivo de las redes es muy fácil, pues están diseñadas para eso.

Entonces, si nos afecta tanto a nosotros, ¿Cuál es el efecto que tienen las redes sociales en los niños?

UNICEF España, junto a la Universidad de Santiago de Compostela y el Consejo General de Colegios de Ingeniería Informática, ha realizado un estudio que se convierte en la investigación de mayor alcance a nivel mundial sobre el impacto de la tecnología en la infancia y la adolescencia. (Infancia, adolescencia y bienestar digital. Una aproximación desde la salud, la convivencia y la responsabilidad social) Gracias a este estudio sabemos que el 41 % de los niños dispone de móvil propio a los 10 años y este porcentaje alcanza el 92,8 % al entrar en la ESO. El 92,5 % de los adolescentes participa en al menos una red social y casi un 9 % de los chicos y chicas de entre 10 y 20 años dedica más de cinco horas diarias a las redes sociales entre semana, cifra que se eleva hasta casi el 20 % durante el fin de semana.

"El uso intensivo se asocia a mayor ansiedad, peor calidad de vida y mayor exposición a situaciones de acoso, ciberacoso o control en la pareja a través de medios digitales. El 25 % de los adolescentes declara haber sufrido acoso escolar, cerca del 10 % ciberacoso, y uno de cada tres jóvenes con pareja reconoce haber vivido control o chantaje a través del móvil o las redes”, ha señalado Antonio Rial, de la Universidad de Santiago de Compostela.

¿Sigo? El 58,4 % de los encuestados ha hablado con personas desconocidas en la red, el 25,1 % ha recibido mensajes de carácter sexual y casi el 9 % ha recibido presiones para enviar fotos o vídeos de carácter erótico o sexual. Aunque estos datos son mejores que los registrados en 2021, creo que todos somos conscientes de los peligros a los que se enfrentan los menores en las redes sociales.

¿Qué podemos hacer ante esta situación? El Gobierno de España ha decidido “cortar por lo sano” y planea prohibir las redes sociales a los menores de 16, generando nuevos controles de identidad para acceder a ellas. Las opiniones están enfrentadas: el 77 % de los españoles está de acuerdo con esta medida. (encuesta de la Fundación BBVA publicada en El Español)

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No me digas lo de que ‘hay que educar en casa’. En casa la gente hace lo que puede con lo que tiene. Estas empresas tienen ejércitos de psicólogos expertos en comportamiento humano. Igual que se nos exige a los padres educar a los hijos, nuestra responsabilidad es recordar a las compañías que tienen que cumplir con la legalidad. (Jorge "No hay más ciego que el que no quiere ver")

Por otra parte, son bastantes los que piensan que esta prohibición va a limitar la libertad de todos los usuarios de las redes y supone un nuevo método de control social: Una consecuencia directa es que se pone fin a la privacidad y el anonimato de nuestro uso de internet (...). Será mucho más sencillo rastrear a qué contenidos hemos accedido en redes sociales y en otros lugares de internet. (Curro Peña "10 riesgos de prohibir las redes a los menores")

Además, muchos alertan de que esta medida supone acabar con el medio de comunicación utilizado por la mayoría de los jóvenes: Como cuando le prohibían a un adolescente hace décadas hacer llamadas a sus colegas al salir de clase. Con una salvedad: hace décadas, los padres no ponían un millón de obstáculos a que sus hijos se vieran con sus amigos después de clase, en las calles. Los padres de hoy sí lo hacemos. Y ahora, además, planteamos prohibirles las redes, sus nuevas calles. Artículo en El País

También nos recuerdan los beneficios que tienen las redes sociales: la posibilidad de que los jóvenes puedan comunicarse con sus amigos, encontrar personas afines o informarse sobre temas que no siempre pueden discutir con su entorno: Las redes no solo sirven para que los bullies atormenten a su víctima: también pueden ser el único lugar en el que el acosado encuentre a alguien que le trate bien. YouTube, Reddit o Instagram están llenos de recursos buenísimos sobre salud sexual, problemas de drogas, trastornos de la conducta alimentaria o violencia doméstica. Vivo más tranquilo sabiendo que, si un niño sufre maltrato en casa, podrá encontrar a alguien que le ayude en redes. (Curro Peña "10 riesgos de prohibir las redes a los menores")

Podemos, por tanto, llegar a la conclusión de que no son las redes sociales el fruto de todos los males, sino el uso que les damos. Sería genial evitar una prohibición completa de ellas y educar desde casa y la escuela sobre cómo navegar de manera segura y aprovechar todos los recursos que nos proporcionan. Pero… ¿podemos confiar en que las familias vayan a ser responsables en este ámbito? ¿Acaso no son ellas las que exponen a sus hijos en las redes? 

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Una encuesta elaborada por la firma de seguridad informática AVG en 10 países, entre ellos España, recoge que el 23 % de los niños tiene presencia en línea incluso antes de nacer porque sus padres publican imágenes de las ecografías durante el embarazo. El porcentaje se dispara rápidamente, hasta el punto de que el 81 % está en internet antes de cumplir los 6 meses. La cifra sigue aumentando en los primeros años de la infancia. Fuente UOC

Los expertos ya alertan sobre los peligros del sharenting, la tendencia de los padres a exponer a sus hijos en las redes, haciendo hincapié en la pérdida de control de las imágenes una vez publicadas en las plataformas. Presuponemos que los padres velan por la seguridad de sus hijos; sin embargo, parecen olvidar que los menores tienen derecho a la privacidad y como padres, tienen la obligación de cuidar su imagen y su intimidad.

El estudio Not at the Dinner Table: Parents and Children’s Perspectives on Family Technology Rules, elaborado por las universidades de San Francisco y Michigan, aporta datos sobre este punto: «El 56 % de los padres comparte información potencialmente vergonzosa de sus hijos, el 51 % da datos con los que puede localizárseles y un 27 % cuelga fotos directamente inapropiadas». Fuente UOC


El panorama es, sin duda, preocupante. No queremos coartar la libertad de los niños y adolescentes prohibiéndoles las redes sociales, pero ni las familias ni las escuelas se ponen de acuerdo para tomar cartas en el asunto. Sí, es necesario educar en un consumo responsable, pero de nada sirve que la escuela proporcione un taller sobre la concienciación de la privacidad en las redes sociales si el niño que la escucha tiene toda su vida publicada en internet. Tampoco puede una sola familia no ceder en la batalla y negarse a darle un móvil a su hijo, cuando todos sus compañeros tienen uno y le dejan de lado por no poder conectarse por las tardes. ¿Qué ejemplo les damos a los más pequeños si lo único que observan son adultos adictos a los teléfonos? ¿Podemos frenar esta avalancha o estamos destinados a sucumbir a las redes sociales?

Siento mucho la extensión de esta entrada del blog: es un tema tan amplio y tan preocupante que resulta imposible no explayarse. Os recomiendo encarecidamente escuchar este debate de algunos expertos sobre la prohibición de las redes sociales y también el libro Los Reyes de la Casa de Delphine de Vigan, una novela que nos cuenta la desaparición de una niña que ha sido expuesta por su madre a las redes sociales desde pequeña. 


¡Muchas gracias y hasta pronto!


Comentarios

  1. Yo también veo un problema muy grande con los niños en las redes sociales, y que muchos comportamientos que vemos ahora vienen del uso de estas. Me apunto la recomendación del libro, muchas gracias Sandri ♡

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  2. Que refelxión tan importante! me gusta mucho que hables de un tema tan relevante para la sociedad con la que nosotros nos vamos a tener que enfrentar! Además, no es solo un gran aprendizaje para el aula, sino para nuestra propia vida!!!

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