¿Y tú, mamá... qué piensas?

¡Hola a tod@s!

Tuve muy claro desde el primer momento que quería dedicarle una sección de mi blog a las madres. Hablamos constantemente de innovaciones educativas o nos remontamos al pasado para comprender la evolución de los diferentes métodos de enseñanza y olvidamos por completo las redes que crean las mujeres dentro de nuestra familia, la educación que se transmite desde el amor de una madre.

"Construyen una red que pesa y se contiene. Pesa la imposición. Pesa que la abuela tuviera que, durante un tiempo, olvidarse para construirla. Dejarse a un lado. Pesa el “debería” y el “tener que”. (...) Pero resulta increíble lo que hizo de ella: la red tejida con sus propias manos, la belleza de esa generosidad, dedicación, esperanza. (...) Me deja boquiabierto la bondad con la que sus manos trataron, hasta el último momento, de aguantar esa telaraña que nos une a todos."—(Como crecer bajo un roble, p. 116)

"Construyen los puentes. Mueven los hilos. Hacen del cuidado un amor que me ha permitido ser. Hacen caminos que sigo. Me prestan sus zapatos."—(Como crecer bajo un roble, p. 11)

Hoy os traigo tres cuentos diferentes:
1. Siempre te querré de Robert Munsch, este cuento nos adentra en el amor maternal e incondicional, en cómo el papel cuidador de la madre se mantiene a lo largo de toda la vida, independientemente de la edad que tengamos. Pero también en el relevo generacional: el momento en el que el hijo comienza a cuidar a su madre.

2. Algún día de Alison McGhee aborda la mirada de una madre sobre el futuro que aguarda a su hija. A lo largo del tiempo, la niña crece, deja el hogar y se convierte, a su vez, en madre. Sin embargo, el recuerdo y el amor de su propia madre la acompañan siempre, incluso cuando ella deja de estar presente.

3. A veces mamá tiene truenos en la cabeza de Bea Taboada. Las madres son superheroínas, pero también son humanas y tienen días buenos y otros no tan buenos. Este cuento trata de retratar la visión más real de las madres, cuando tienen truenos, estrellas o un sol en la cabeza. Un relato que aboga por un trato más amable hacia las madres y la empatía.

Estos cuentos nos regalan una visión muy bonita de las mamás; nos permiten, desde una edad muy temprana, poner el foco en el papel vital que desempeñan estas mujeres. La relación que mantenemos con ellas es única: nunca nadie nos va a conocer como nos conocen, nadie se va a preocupar con la misma intensidad por si comemos bien, llevamos una chaqueta o dormimos lo suficiente, y sobre todo, nadie nos va a querer como nos quieren nuestras madres.

Mamá está ahí siempre: estuvo en nuestros primeros pasos, en el día en el que empezamos el colegio y también llorando en las gradas cuando nos graduamos; estuvo en todos los errores de la adolescencia, en los miedos y las inseguridades. Estuvo cuando necesitábamos un abrazo, nos secó las lágrimas cuando todo parecía derrumbarse, nos dio la enhorabuena cuando conseguimos aquello por lo que tanto habíamos luchado. Pero mamá también estuvo cuando le decíamos que no queríamos que estuviera, cuando le pedíamos que nos dejara en paz, cuando, con soberbia, respondíamos con un: “no lo entiendes”, como si ella no hubiera tenido 14, 15 o 18 años, como si no hubiera vivido todo lo que yo estoy viviendo ahora. En esos momentos, mamá entornaba la puerta, se quedaba en silencio, nos miraba desde la distancia. Nunca se iba del todo, siempre estaba y nosotros siempre supimos que, si susurrábamos su nombre, ella vendría corriendo, nos sacaría del barro, nos curaría las heridas y dulcemente, nos diría: “te lo dije”.

Empiezas a pensar en tu madre como una mujer a la que le han pasado cosas antes de que te pasaran esas mismas cosas a ti. Mi madre también fue una chica de 20 años antes de ser mi madre, también se preocupó por su apariencia y lloró la primera vez que le rompieron el corazón. Tuvo sueños y aspiraciones, se vio sola y asustada, también sintió felicidad plena. ¿Y ahora? ¿Cómo se cuida ella si me cuida a mí?—(Carlota, Mi madre también llora, 2025)

Te exijo ser solo mamá y luego me enfado, me enfado de que seas solo eso. Pido aire y un abrazo, y espacio, y que me mires y que me cuides. Pero déjame volar, pero déjame en paz, pero dime cómo vivir, pero no me digas cómo vivir. Ponme trozos de pan que seguir, pero no reglas. Pero mamá, dame pistas; pero mamá, no me encierres. Te pido más de lo que soy. Te pido más de lo que puedes. Te obligo a ser y no ser, a transformarte y estar y desaparecer. Y luego te odio y te quiero, y te castigo por mi no saber —(Cómo crecer bajo un roble, p. 113).

Pensamos que conocemos a nuestras madres a la perfección. Llevamos con ellas toda nuestra vida, no concebimos el mundo sin su presencia. Son nuestras madres, ¿cómo no voy a saber quién es? Pero, en verdad, la mayoría de las cosas que sé son de mamá. ¿Quién es mi madre cuando deja de ser mamá? “¿En qué piensa mi madre cuando deja de ser mi madre durante un rato?” (Carlota, 2025).

Es una mujer que, al igual que yo, también tiene sueños, miedos, nostalgia… alguien que a veces también necesita que entornen la puerta y se fijen en si tiene los ojos más rojos, si ha comido bien o si va a pasar frío. ¿Cómo lo ha hecho? Me lo pregunto una y otra vez. ¿Cómo nos ha dado todo sin quedarse sin nada? ¿Cómo nos ha engañado tanto tiempo haciéndonos pensar que ella era diferente, que estaba hecha de otra pasta, que no necesitaba que la cuidaran? Con el tiempo, me he dado cuenta de que mamá es como yo: sensible a niveles extremos, que también tiene días que pesan, recuerdos que ponen la piel de gallina. Mamá también echa de menos, tiene casi tanto miedo como yo, se preocupa por todo, se estresa por lo más mínimo y también está viviendo por primera vez. Aun así, durante mucho tiempo nos ha hecho creer que era solo mamá, cuando en verdad es un mundo entero.

Mamá es un ente extraño cuyos contornos se extienden por todas partes. Es un algo sin forma. Es mamá, pero no sé quién es. Sé quién es, pero no. Creo saberlo. Creo que ella empieza y termina en mí. En nosotros. Mamá reconstruye. Me sorprende descubrir que no sé quién es. ¿Cómo osa ser alguien más que mi madre? ¿Puede ser mamá algo más que mamá? ¿Quién eres fuera? ¿Quién existe más allá de mí? ¿Quién eres, mamá? ¿Cuál es tu historia—(Cómo crecer bajo un roble, p. 113).

Pienso que, de una manera u otra, ellas son las que sostienen el mundo. Quizás no se basan en modelos conductistas o cognitivistas para educar, no estudian las etapas del desarrollo de Piaget ni fomentan el aprendizaje colaborativo. Educan desde su experiencia, a veces desde sus miedos o desde sus propios deseos, pero, sobre todo, nos enseñan desde el amor. Al inicio de la entrada os decía que quería dedicar esta parte del blog a las madres; bueno, en especial, se lo quiero dedicar a la mía. Porque se ha sentado conmigo para enseñarme a leer y también para enseñarme a vivir. Gracias por todo, mamá.


Espero que os haya gustado esta primera entrada. Os invito a leer la newsletter de Carlota, Mi madre también llora: https://substack.com/home/post/p-186204336, que recoge a la perfección esta visión sobre la maternidad y la relación madre e hija. También os recomiendo el libro Cómo crecer bajo un roble de María Fernández-Torviso una novela muy cortita sobre madurar, las amistades y la familia. Y como no la serie de las chicas Gilmore, que retrata la preciosa relación de una madre con su hija y su desarrollo con el paso del tiempo.

Las chicas Gilmore
Serie las chicas Gilmore: relación madre-hija

Ahora te toca a ti: ¿Qué cuentos conoces sobre la maternidad? ¿Y sobre la familia? ¿Qué hay de los padres? ¿Y los hermanos?... ¿Qué crees que podemos aprender de la educación que nos han dado nuestras madres? ¿Crees que influencia esta en el resto de sistemas educativos?

¡Muchas gracias y hasta pronto!❀




Comentarios

  1. Tienes toda la razón en que hay veces que se nos olvida que están hechas de lo mismo que nosotros. Que reflexión más bonita!!

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  2. Dios Sandra... es precioso. A veces no apreciamos a nuestras madres como deberíamos, y nos olvidamos que ellas pasaron por lo que estamos pasando nosotras también. Tu madre tiene mucha suerte de tener una hija como tú.

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  3. Que bonita tu reflexión me ha ecantado!

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  4. Me parece precioso. Tanto la estética súper cuidada como todas las referencias tanto a libros como a series (ya el vídeo con tu madre y la reflexión me ha matado) me han parecido brutales. Porfa no pares.

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  5. Wow Sandra...tengo la piel de gallina. Tienes toda la razón: sí y están ahí para cuidarnos, pero ellas también tuvieron una vida antes de nosotros y siguen sintiendo emociones. Merecen más reconocimiento , no solo por lo que hacen por nosotras, sino por todo lo que han vivido y lo que continúan sintiendo.

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  6. Que bonitas las recomendaciones! q ganas de leerlos

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  7. Escribes de forma preciosa Sandra, has hablado sobre dos cosas que me fascinan, leer, y mi madre. Tienes toda la razón sobre la importancia y la magia de la relación de madre e hija, soy quien soy por ella y la echo mucho de menos cada día.

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  8. Sandra, me parece que has definido a la perfección lo que son las madres. Me ha encantado leerte!

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